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El universo ordenado


“Nuestra cosmovisión afecta en modo poderoso todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, tanto en lo individual como en lo social. Si vemos a la realidad como algo fragmentado en corpúsculos separados, tenderemos a separarnos en egos, unos de otros, o agrupados en racimos que se pelean entre sí, a través de diferentes fuerzas sectarias. Pero si concebimos la realidad como una totalidad indivisible, fluyente,  nos inclinaremos hacia una acción de cooperación entre los seres humanos y a una mayor armonía interior”.

 Adolfo Ordóñez


El físico norteamericano David Bohm provocó, silenciosamente, una revolución conceptual en el campo de la física cuántica al formular un nuevo modelo de comprensión de la realidad. Comenzó a difundir, a través de sus publicaciones científicas, la idea del Orden Implicado y Orden Explicado. Sus formulaciones teóricas podrían traducirse como lo no manifestado y lo manifestado, lo envuelto y lo desenvuelto. Este modo de concebir las cosas tuvo un correlato filosófico en lo dicho por un gran pensador de este siglo, Jiddah Krishnamurti, que se relacionó en vida con Bohm. También hubo contactos con el neurofisiólogo Karl Pribram (el creador de la holografía) y el biólogo británico Rupert Sheldrake. En cuanto al ámbito de la psicología, los estudios de Carl Jung se corresponden con lo expresado por Bohm.
El rosarino Adolfo Ordóñez –doctor en matemática, profesor adjunto en la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario, ex docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires y miembro del equipo que dirige el doctor Mario Castagnino en proyectos conjuntos con el premio Nobel de Química 1977, Ilya Prigogine- sigue la senda del físico estadounidense.


¿Qué es el Orden Implicado que propone David Bohm, doctor Ordóñez?

Se trata de una manera de categorizar y comprender la realidad. La materia no podía ser comprendida considerándola formada solamente por corpúsculos que flotan en un espacio vacío y que interactúan entre sí por medio de ciertas fuerzas. Según él, hay moldes o modelos ondulatorios que configuran el movimiento de los corpúsculos en el espacio. Así fue cómo interpretó el concepto de “función de onda” y de “espacio de Hilbert” de las funciones de onda de la física cuántica.

¿Bohm reconoció que el espacio de esas formas o funciones de onda tiene un orden?

Sí. Ese orden obedece a una estructura diferente de la que asociamos a los corpúsculos en el espacio y en el tiempo. De hecho, ese espacio de formas está más allá del espacio y del tiempo y las funciones de onda evolucionan de un modo especial, a través de lo que se llama “propagadores” y son capaces de interpenetrarse, sumarse o restarse, concentrarse en un punto o envolverse y después dispersarse en el espacio o desenvolverse. Estos patrones ondulatorios rigen la estadística que van a seguir grandes conjuntos de partículas. El orden de estas “formas” que se hallan en esos “espacios de formas” es el Orden Implicado. En contraste, al orden que corresponde a la disposición de partículas separadas entre sí en el espacio y el tiempo, Bohm lo denomina Explicado, o desenvuelto o desplegado.

Con una metáfora quizá ese paradigma sea mejor comprendido.

Cuando, en mi caso, expreso durante esta misma conversación  distintos conceptos, estoy dando, diciendo, una parte minúscula de una totalidad de potencialidades que no manifiesto pero pienso. Toda la realidad tiene esos dos niveles: explicado e implicado. El Orden Implicado es la fuente, el semillero de todo lo que puede aparecer en el Orden Explicado. Metafóricamente sería lo profundo del océano (Orden Implicado) y las olas de la superficie (Orden Explicado).

¿Cuál es el aporte de Bohm en la dimensión que usted pondera?

Bohm hace dos contribuciones: una reinterpretación propia de la física cuántica, por un lado, y la extracción del planteamiento ortodoxo y usual de la mecánica cuántica de un nuevo concepto de orden y categorización de la realidad. Este Orden Implicado no está  sólo en la reinterpretación especial de Bohm, sino también en la interpretación ortodoxa de la física.

¿Cómo explica la relación del Orden Implicado de Bohm con los trabajos de Pribram y Sheldrake?

No debe asombrarnos que una forma de categorizar la realidad que surja de la física cuántica pueda usarse para categorizar otros órdenes de realidad o teorías correspondientes a campos diferentes. Karl Pribram, ese notable neurofisiólogo de Stanford, probó teórica y experimentalmente que el cerebro funciona,  básicamente, de acuerdo con el esquema del Orden Implicado y Explicado. Los datos de los sentidos, por ejemplo todas las ondas electromagnéticas que entran a través de los ojos, o las ondas de sonido por los oídos, se envuelven en el cerebro dando origen a patrones de difracción, como los que aparecen en la física cuántica y que tienen un Orden Implicado. Cuando esa información es decodificada, ya sea mediante la memoria o la percepción, se obtienen imágenes de un Orden Explicado, que justamente se ha desplegado o desenvuelto a partir de estos registros cerebrales del Orden Implicado.
En el caso de Rupert Sheldrake, biólogo y bioquímico de Cambridge, se trata de una teoría revolucionaria que cuenta con algún sustrato experimental, pero que aún está en discusión. Así como el viejo orden explicado de los corpúsculos en el espacio no sirvió para describir los fenómenos de la física cuántica, del mismo modo la biología mecanicista que ve a los seres vivientes como meros cuerpos y procesos físicos y químicos tampoco sería suficiente y debería complementarse con un conjunto de formas o moldes que Sheldrake denominó campos morfogenéticos porque son el origen de las formas que observamos en los cuerpos de los seres vivientes.

¿Esto no está expresado, supuestamente, por las propiedades del ADN celular?

Según Sheldrake, no. La idea es que así como la imagen que vemos en un televisor no es meramente el producto de los circuitos y componentes electrónicos del aparato receptor de TV, sino que están implicados también aspectos ondulatorios a través del campo electromagnético emitido por una estación teleemisora, de igual modo el ADN de las células corporales sería el receptor de los campos morfogenéticos y de la información sobre la forma en ellos almacenada. El ADN decodificaría esa información, pero existiría una parte importante de información biológica que no estaría incluida en el ADN del cuerpo.

¿Qué conexión puede haber entre esos moldes o formas de la teoría de Bohm con los arquetipos psicológicos de Jung?

Uno se siente tentado a recordar la teoría psicológica de Carl Jung, en la cual además del inconsciente personal se postulan arquetipos de un inconsciente colectivo. Ciertamente, estos arquetipos, moldes o formas que se expresan a través de las conductas humanas se parecen mucho a las funciones de onda, así como el inconsciente colectivo al “espacio de Hilbert”. Uno de los pacientes de Jung, que luego de su tratamiento llegó a tener largas discusiones y diálogos con él (hasta escribieron un libro juntos en 1952) fue Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física, a quien debemos el famoso Principio de Exclusión, de la mecánica cuántica, muy relacionado con el Orden Implicado.
En realidad, muchas ideas de Jung, que resultaron misteriosas para los psicólogos de su época, pueden transformarse en hipótesis más razonables si las consideramos a la luz del Orden Implicado. El físico canadiense David Peat ha escrito el libro “La sincronicidad”, dedicado a la relación entre la teoría de Jung y la mecánica cuántica.

De todo lo dicho, ¿qué implicaciones se desprenden, a su juicio,  respecto del complejo mente-cuerpo?

En la actualidad, el avance de la física, por un lado, y de la informática, por otro, nos ha hecho acercar las cualidades de la mente y el cuerpo. Antes parecía que sólo un ser racional podía realizar operaciones matemáticas y jugar al ajedrez. Hoy sabemos que también lo puede hacer una computadora. En general, la materia ha demostrado tener una serie de cualidades que antes se asociaban exclusivamente con la mente; se ha convertido en energía, con patrones de simetría, inestabilidades, caos, con un comportamiento que sólo se puede aproximar en forma probabilística, etcétera.
Con respecto al Orden Implicado, Bohm demostró cómo esta categorización es también pertinente en el caso de la mente. Basta que se considere la forma en que se estructuran los pensamientos. Hay niveles de profundidad en la mente y toda una información que está envuelta allí, que de algún modo es desenvuelta en forma de pensamiento. Dicha información, llena de asociaciones y donde cada cosa parece implicar a todas las demás, se parece a un holograma.

El nuevo paradigma del Orden Implicado, ¿de qué modo modificaría  nuestra vida cotidiana?

Evidentemente, nuestra cosmovisión afecta en modo poderoso todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, tanto en lo individual como en lo social. Si vemos a la realidad como algo fragmentado en corpúsculos separados entre sí, con realidad independiente, tenderemos a separarnos en egos, unos de otros, o agrupados en “racimos” que se pelean entre sí, a través de diferentes fuerzas sectarias. Pero si concebimos la realidad como una totalidad indivisible, no fragmentada, fluyente, tal como propone Bohm, nos inclinaremos hacia una acción de cooperación entre los seres humanos y a una mayor armonía interior.

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