El universo, la física y el arte en tiempos de transición
"Estoy interesado en mostrar que el problema esta en hallar el limite de validez de la mecánica clásica, así como de la mecánica cuántica, y que la inestabilidad destruye la validez tanto de la mecánica de Newton como la de Schroedinger".
Ilya Prigogine

"Considerando que estamos a fines del siglo veinte y que Galileo fue amenazado con instrumentos de tortura, como también a Giordano Bruno se lo quemó en la hoguera, los físicos tendríamos que pretender ser los científicos menos dogmáticos, cosa que en la realidad no ocurre. El dogma es una comodidad del pensamiento porque todo se hace más fácil. Estéticamente, las ideas de la nueva escuela (en la física) son más atractivas para el resto de los científicos, y evidentemente, da la impresión de que la física de Prigogine resulta más apta para hacer una metafísica". De este modo, Mario Alberto Castagnino -reconocido investigador y docente de las universidades de Buenos Aires y Rosario, Argentina- opinaba sobre la recepción que la línea de pensamiento del premio Nobel de Química, Ilya Prigogine, tiene en el propio seno de la física contemporánea y la seducción que ejerce en otras disciplinas, previo al viaje que el científico ruso hizo en noviembre de 1994.
A Prigogine le fue conferido el premio Nobel en 1977 por su trabajo sobre termodinámica de los sistemas lejos del equilibrio. Suscitaron polémica sus teorías acerca de la flecha del tiempo (la irreversibilidad hace imposible regresar en el tiempo, dice) y el caos, y continúa sus estudios en las universidades Libre de Bruselas y de Texas, en Estados Unidos. A través de un convenio internacional, los equipos de Prigogine y Castagnino -quien dirigió el proyecto "Teorías cuánticas relativistas y gravitación" para el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)- desarrollaron trabajos conjuntos.
Momentos antes de su disertación sobre "Caos y los límites de la mecánica clásica" que ofreció en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, Prigogine concedió el siguiente diálogo.
-¿Qué línea de investigación sigue actualmente, doctor Prigogine?
-Mi objetivo principal es que se reconozca la irreversibilidad de la dinámica y estoy interesado en mostrar que el problema está en hallar el límite de validez de la mecánica clásica, así como de la mecánica cuántica, y que la inestabilidad destruye la validez tanto de la mecánica de Newton como la de Schroedinger. Ello implica radicalizar aún más nuestro punto de vista.
-¿Por qué cree que su trabajo trasciende la física y encuentra mayor aceptación entre quienes se dedican a las ciencias sociales?
-Para la gente que se ocupa de las ciencias sociales o la filosofía, el tiempo es una dimensión fundamental ya que toda la problemática del tiempo se relaciona con la responsabilidad del hombre, con su libertad y con la ética. La filosofía occidental descansa en ese concepto de lo temporal. En efecto. Desde Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, la filosofía gira alrededor de la problemática del tiempo. Por otro lado, las ciencias naturales enfocan el tema negando la dirección del tiempo, lo cual es muy difícil de aceptar para un filósofo. Los físicos lo admiten debido al gran éxito alcanzado y demostrado por la mecánica newtoniana y la cuántica. Pero ahora nosotros creemos estar en condiciones de asegurar que tal éxito no justifica la negación de la dirección del tiempo.
-¿Por qué motivo?
-Porque ese gran éxito que menciono sólo se ha logrado en aquella particular subclase de sistemas dinámicos donde son aplicables la mecánica clásica o la cuántica. Así pues, mis ideas son bien recibidas por aquellas personas que opinan que el problema del tiempo no puede ser entendido fuera de la dirección del tiempo. Por ejemplo, Karl Popper en uno de sus últimos libros trató de mostrar que el determinismo es incompatible con la idea del progreso humano o del aprendizaje en general. Popper estuvo interesado en mis ideas desde hace muchos años.
-¿A qué‚ se debe su afición por el arte precolombino, que evidentemente es mucho más que un mero hobby?
-Estoy muy interesado en la creatividad humana. Esta creatividad aparece con mucha claridad en el arte neolítico. Encontramos este tipo de arte en América, también en China, India y el Cercano Oriente. Uno halla así diferentes visiones del universo. Me fascina saber cómo la gente de lugares diversos, de épocas distintas, contemplaba el universo, como también sus distintos modos de expresar las creencias.
-¿Podría indicar de esas diferentes visiones qué lo impactan particularmente?
-Egipto era una civilización muy optimista, a cuya gente se la describió a través de pinturas como generalmente sonriendo, alegre, bella. La firme creencia en la resurrección y la vida eterna, tal como lo presenta el "Libro de los muertos", les daba una gran confianza en el orden del universo. En cambio, en el arte precolombino no hallamos esa confianza. En términos generales, es un arte trágico. Un arte que duda de la estabilidad del universo.
-¿Encuentra similitudes con nuestra época?
-Esa duda a la que me refería se observa tanto en el arte azteca como en el precolombino de Sudamérica. Por ejemplo en Catamarca, en Argentina. El arte neolítico se asemeja más al sentir del hombre del siglo XX que al arte egipcio. Usted me preguntar por qué‚ es que nosotros también estamos ansiosos y no nos hallamos seguros del orden ni de la estabilidad del universo. Sentimos que estamos en una etapa de transición. Por eso digo que nos encontramos más cerca del arte precolombino.
-¿Cómo se definiría usted, realmente, como un físico o un metafísico? ¿O preferiría una posición intermedia?
-Mi vida ha estado dominada por un intento de ir más allá de esa distinción. En esencia, el punto de partida fue probablemente filosófico. Me interrogué acerca del tiempo, pero cuando comencé a estudiar física, quedé atónito por el rol tan pequeño que se le otorgaba al tiempo. Así empezó mi interés por el aspecto fenomenológico y después por los fundamentos dinámicos del tiempo. Experimenté‚ un feedback en el sentido de que el interés filosófico me dio interés físico y, viceversa, el interés físico alentó mis puntos de vista metafísicos.
-En verdad, una mutua estimulación interna.
-Sí, pero deseo señalar que, por supuesto, no soy un filósofo, sino más bien un físico interesado en las consecuencias generales de lo que está haciendo, y creo que eso es muy natural. Uno tiene que entender cuál es el significado de lo que hace. Si soy físico, debo ver lo que realizo desde una perspectiva del mundo que me rodea. Después de todo, uno de los principales objetivos de la ciencia es un diálogo con la naturaleza. Se pretende comprender nuestra relación con la naturaleza, y ese es también mi interés.
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