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La relajación en el hospital

 

“Es importante incorporar conocimientos de relajamiento, eutonía y aikido, entre otros, en la formación de pregrado en la facultad. Algunas cosas (los médicos) podemos leerlas en los libros y revistas científicas, pero otras debemos vivenciarlas”. -/Daniela Habsuda/-

Daniela Habsuda, médica psiquiatra que se desempeña en el Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina, participó durante 14 años de una experiencia inédita para un centro de salud, la Unidad de Estrés, ya inexistente. Desde allí un equipo de profesionales buscó asistir a los pacientes que en las áreas clínica y de psicopatología no encuadran en el trabajo terapéutico. Oncólogos,  ginecólogos, anestesistas, cirujanos, comenzaron tímidamente a apreciar los resultados obtenidos con la intervención de dicha unidad que, en su abordaje, incluyó relajación, visualizaciones y gimnasia médica.
Habsuda expuso su trabajo en seminarios sobre “Psico-neuro-inmunología y estrés” y “Aportes para mejorar el trabajo interdisciplinario en un hospital general. Reducción del estrés”, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Esta médica psiquiatra reivindicó el derecho del paciente a elegir frente a todos los aspectos que conciernen al proceso salud-enfermedad, resaltando la conveniencia de actividades antiestrés en médicos y paramédicos.

¿Cómo concibe el uso de la relajación en el área médica, doctora Habsuda?
Al sugerir una sensación de pesadez en el cuerpo, se conduce a una descontracción muscular, y como resultado, a la relajación. La mente se aquieta y el paciente puede escuchar la misma información que, por tensiones originadas al comunicársele su diagnóstico u otro tema, suele no ser comprendida. Por ejemplo, cuando una persona debe hacer cierto estudio que le causa mucho miedo, una resonancia magnética por caso, que si bien no duele, inquieta por la inmovilidad en que debe estar durante 4O minutos, y no necesariamente hay que ser claustrofóbico para entrar en pánico. En esa situación, para evitar la anestesia, en una entrevista previa escucho los miedos que se presentan, bajo relajación reinformo en qué consiste el estudio y hablo de una circunstancia más positiva. La persona hace el estudio  acompañada por mí, si lo desea.
¿Y en caso de tratamientos?
También. Un paciente que debe realizar quimioterapia siente temor y puede entrar en pánico. El servicio de Oncología me deriva muchos casos de este tipo. Converso con el paciente, pregunto qué datos posee o recuerda, a través del médico o personalmente, sobre la enfermedad y su tratamiento. Después le informo, en términos muy sencillos, qué es una célula tumoral y cómo actúa la quimioterapia. Luego, bajo relajación, reinformo sobre el tratamiento y en el momento de la aplicación estoy con él y le ayudo a relajarse.
En cirugías, ¿qué soporte brinda a través de la relajación?
A quienes temen la anestesia o el quirófano mismo, los entrevisto, estudio sus miedos y mediante relajación les transmito los pasos a seguir. Es muy importante que el paciente sepa por dónde lo llevarán desde la sala en que se encuentra; si hay pasillos, ascensores y acerca de la intervención quirúrgica en sí misma. Los acompaño hasta el comienzo de la cirugía propiamente dicha y cuando despiertan. Algunos se relajan mejor con música, para lo cual utilizo un walkman de doble salida (dos juegos de auriculares), y escuchamos música, muchas veces traída por el mismo paciente. Y los temas musicales varían. Aquí vale aclarar que no a todos tranquiliza una música suave; hasta puede ser un ritmo de salsa. Me acuerdo el caso de una paciente cuya profesión estaba vinculada al espectáculo y que ingresó al quirófano oyendo un tema movido. Cada persona es única y singular.
Al preparar a un paciente que debe someterse a un tratamiento o cirugía de alto riesgo, ¿qué factor considera clave?
Que el paciente tenga un proyecto de vida; que cuando se duerma por efecto de la anestesia haya un “hasta luego” porque después, tal como lo haya planeado, podrá realizar tal o cual cosa. En quimioterapia ponemos siempre metas a corto plazo, dependiendo de la enfermedad que se trate. Si es un tumor, con pocas chances de curación, el objetivo será almorzar con la familia en el comedor y no en la cama. En otros casos, algunos planifican viajar, el regreso al trabajo o simplemente saludar a su mascota.
El problema surge cuando no existe proyecto.
Eso es lo difícil, porque intentamos la búsqueda del proyecto, inventarlo incluso. Al comprobar que no hay proyecto de vida en el paciente, lo comunico al médico responsable y hablo con la familia, si hay familia.
¿El deseo del paciente se respeta en esas circunstancias?
En el comité de bioética del hospital uno de los aspectos abordados ha sido el principio de autonomía del paciente, por el cual éste merece ser respetado. El paciente tiene derecho a elegir, aceptar o no un tratamiento. Antes había un principio de beneficencia, de sesgo paternalista. El médico suponía qué era lo bueno para el paciente. Es un problema de valores: mis valores pueden ser diferentes a los suyos y ninguno tiene más razón que el otro.
Además, con el titular del servicio de Oncología damos charlas a los parientes de enfermos de cáncer para enseñarles aspectos clínicos y emocionales de esa patología. En las reuniones informamos cómo pueden tratar mejor al paciente, cómo prevenir en ellos la enfermedad y cuándo deben consultar al presentárseles equis circunstancia.
¿El médico puede crear un ambiente en el que el paciente encuentre ocasión de hablar de su dolor con sinceridad?
En ciertas ocasiones los pacientes callan por no molestar al médico. Algunas personas no registran lo que el médico les ha dicho en la consulta o no pueden escucharlo porque recibieron un shock al recibir el diagnóstico. Como yo no soy quien los trata, me plantean dudas que no se animan a exponer a su médico.
¿Cómo observa la relación médico-paciente en estos tiempos?
Los médicos se comprometen mucho con los pacientes en distintos servicios, como unidad coronaria, oncología, ginecología... Y es que hemos empezado a ocuparnos más de nosotros. Es un proceso que estamos haciendo varias generaciones conjuntamente, en un plano general en la sociedad.
¿A qué llama gimnasia médica?
Existe un grupo de pacientes que no son para atender en  psicopatología ni en clínica médica. Tienen un dolor muscular, hipertensión pasajera o crisis asmática controlable y, al aconsejarles psicoterapia, dicen no porque no están locos. El tema es cómo ayudarlos a relacionar lo que les pasa en su cuerpo con respecto a las emociones. Ahí nace la gimnasia médica. En un ambiente confortable, sobre piso de madera, en colchonetas,  incluso yo, sin chaquetilla y en relación simétrica, sin escritorio de por medio, trabajamos con distintas técnicas tendientes a que la persona logre esa conexión de cuerpo y emociones.
Este dato de la conexión cuerpo-emociones es habitualmente menospreciado en la práctica médica, a la hora de indicar un tratamiento.
Un hombre que presentaba episodios asmáticos tuvo que reventar un globo para darse cuenta del gran componente de agresión contenida que poseía en su interior. Luego, al haberlo vivido de otro modo, pudo relacionar la enfermedad con lo emocional. Con esto no digo que todos los que padecen de asma sean personas con agresiones reprimidas, sino que indico el valor del trabajo que se hace en gimnasia médica para descubrir la conexión del cuerpo y las emociones.
Trato que el paciente pueda ayudar, desde sí mismo, en el proceso terapéutico. Las personas, cuando atraviesan estados muy críticos, aprenden mucho más. Después de salir de un respirador en la unidad coronaria o de una cirugía de by-pass, muchas sienten que algo cambió en su vida. Quizá años antes habían intentado hacerlo y no lo consiguieron, pero, como ocurre en todas las áreas, maduramos cuando superamos las crisis y no en tiempos de bonanza.
A veces esas transformaciones son pasajeras, por más duro que haya sido el trance.
Si no existe riesgo para la vida, es difícil mantener los nuevos cambios y tenemos la tendencia de volver a ser como antes. Días atrás me encontré con la esposa de un paciente que había estado en unidad coronaria y me había dicho que cambiaría su vida. La señora me comentó que, a pesar de haber pasado por esa situación tan grave, su marido había retornado a los viejos hábitos. Al parecer, cuando nos sentimos seguros, desplegamos otra vez nuestro carácter.
Llevar al paciente a un plano de observador durante la visualización, disociándolo del dolor, ¿es realmente beneficioso?
Disociar, a veces, es útil, pero depende de la situación personal del paciente.
De hecho, el dolor físico afecta a las emociones. ¿Puede afirmarse que el estado emocional incide ante un dolor físico?
Sí, incrementándolo o disminuyéndolo. En una escala del 1 al 1O, mi dolor ante un estímulo puede equivaler a un 6, pero si mi estado emocional es negativo, de mucha tensión, puede aumentar a un 9 ó 1O. Ahora bien, si permito que me ayuden con técnicas de relajación, puedo bajar ese índice de respuesta a un valor de 3 ó 4.
Todos no reaccionamos de igual modo frente al dolor.
Siempre que una persona dice que tiene un dolor, debemos creerle porque ese es su umbral personal de dolor. No todos reaccionamos igual ante el mismo estímulo doloroso, es verdad. Por este concepto, en oncología trabajamos el oncólogo, el especialista en dolor y yo, juntos. Con la quimioterapia, al reducir el tumor, disminuye el dolor; con el tratamiento del dolor, el anestesista utiliza medicación adecuada para aplacar el dolor que provoca el tumor, y yo con la visualización puedo ayudar aún más a bajar el umbral de dolor.
¿Con qué técnicas aborda usted la tarea “desde el piso” y en esa situación simétrica que mencionaba antes?
Empleo la relajación, para descontraer los músculos; sensopercepción para realizar la conexión con el cuerpo; expresión corporal, para manifestarnos a través del físico; eutonía, para descubrir las zonas hipo e hipertónicas corporales y tender a un equilibrio. Curiosamente, la eutonía para el diagnóstico usa posturas semejantes a las del yoga. El yoga busca la descontracción muscular mediante la fuerza de gravedad; por la eutonía advertimos hasta qué punto es posible llegar con el cuerpo, ubicamos dónde está la contractura u otro signo, y después se puede proponer otras situaciones a fin de recuperar el equilibrio (nivel eutónico).
También empleo técnicas de aikido, que incluye un concepto que es el “ki” (en el yoga, el “hara”), centro de energía ubicado debajo del abdomen. Cuando lo logramos sentir, aprendemos a pararnos correctamente. Los occidentales caminamos con la cabeza y cargamos todo en la espalda. No nos sostenemos con la cadera y menos andamos con los pies. Curioso, ¿no?
Además trabajo con descargas de la voz. Lo importante de todo esto es que estas técnicas deben ser aplicadas según la situación y características de cada persona.
¿No es el mismo hospital un lugar estresante para el personal que allí se desempeña?
Debiera considerarse el estrés de los médicos, residentes, enfermeras y secretarias. Lo indicado sería que hubiera distintas instancias para reducir el estrés en cualquier centro de salud. En el caso de los médicos, específicamente, los grupos Balint (espacios de discusión y reflexión técnica y ética de casos concretos que se presentan a diario en la práctica) resultarían ideales si se les sumaran técnicas de relajación. En ellos, los profesionales se reúnen para tratar las experiencias que los han angustiado durante la semana. En particular, cuando han debido soportar la muerte de algún paciente, del cual tenían pronósticos favorables. El hecho de la muerte provoca mucha angustia.
¿En qué beneficia al médico la experiencia de la relajación ante esa tensión emotiva?
Estar  más preparado cuando se acerque a otro paciente, sentir  mayor tranquilidad. La relajación permite al médico entender mejor a cualquier persona cuando lo consulta por ese dolor que tiene en el cuerpo. Además, le reduce el estrés propio de estar en tal situación.
Usted coordina encuentros programados con residentes y administrativos. ¿Qué resultados ha obtenido?
Excelentes, tanto con los empleados administrativos, secretarias de servicios como con los residentes de cirugía, de medicina familiar... Incorporan el conocimiento a nivel personal y profesional, y saben entender mejor a sus pacientes. A través de estas experiencias, concretamente una residente detectó en un paciente trasplantado la necesidad de que yo lo asistiera y pidió al médico de cabecera una interconsulta. Así, se resolvió un problema posquirúrgico y el profesional responsable se mostró agradecido.
Creo, también, que resulta importante incorporar estos conocimientos en la formación de pregrado en la facultad. Recuerdo una película protagonizada por William Hurt, en el papel de un cirujano que se enferma de cáncer e invita a los residentes a su cargo a vivir un tiempo como pacientes en el hospital donde trabajan, con el objetivo de que esa vivencia sirviera para comprender la realidad de quien está “al otro lado del mostrador”. Algunas cosas podemos leerlas en los libros y revistas científicas, pero otras debemos vivenciarlas, y aquí podemos encontrar otra razón de mi trabajo.
Por todo lo que ha comentado, doctora, ¿qué ha aprendido del rol de la mente en la curación?

Si la mente se pone del lado del médico, es muy positivo. Hay que trabajar con la mente, siempre y cuando no olvidemos que debemos estar al lado del médico y la terapia indicada por él. Desde ahí, la mente puede ayudar muchísimo. Pero si creemos que sólo con la mente alcanza, corremos peligro de entrar en cierta omnipotencia.

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