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La creatividad en los niños | Un puente de la ficción a la realidad

Para los niños el lenguaje creativo es una forma de comunicación primaria que les permite exteriorizar libremente los pensamientos, emociones y sentimientos; también les ayuda a desarrollar la percepción, la imaginación, la organización del espacio-tiempo, la resolución de problemas así como la valoración de “sí mismos” y de su propia individualidad; por esta razón es importante otorgarle a la actividad creativa la atención y el espacio necesario, considerándola como algo mucho más trascendental que una simple actividad de recreación, entretenimiento o evasión.

El reconocido pediatra y psicoanalista Donald Winnicott postuló la existencia de un área psicológica vinculada a la experiencia, que secunda durante toda la vida al ser humano en su relación con el entorno y, a la que denominó “espacio potencial”. Es en este espacio donde se conjuga la ficción con la realidad dando origen a la creatividad y al juego, y a partir de ahí a la experiencia cultural del hombre. El recién nacido inicia el desarrollo de este espacio a partir de la relación que tiene con su madre; ella le otorga la apertura y la confianza necesaria a través de la cual el bebé comienza a autodescubrirse, para luego mediante el juego y los objetos que le rodean a experimentar su relación con la realidad exterior, apoderándose de lo que llamamos la experiencia vital.

Posteriormente, en el periodo preescolar, el juego simbólico se transforma en una de las herramientas claves para el desarrollo del niño, ya que le permite representar su experiencia con la realidad a través de un sinfín de actividades, como por ejemplo el dibujo, la pintura, el juego con muñecos o con estructuras, el canto, el cuento de historias, o asumiendo roles ficticios. En estos juegos ficticios el niño es consciente de que está fingiendo y, del mismo modo, reconoce lo que un objeto es, pero finge que es otra cosa, disfrutando simplemente con el hecho de explorar y experimentar, lo que le permite interiorizar los sistemas y símbolos de la cultura en la que se desenvuelve, a la vez que desarrollar su propia capacidad simbólica y de resignificación.

Por otra parte, el dibujo es un acto complejo en el que intervienen el cerebro y la mente, involucrando la concurrencia y el desarrollo de muchas estructuras cerebrales y neuronales; al dibujar se necesita la exploración intuitiva y cognoscitiva de las formas que surgen en el acto de dibujar, conjugando también la percepción física del movimiento que se hace con las manos y con el cuerpo. Desde el punto de vista de lo expresado, los dibujos infantiles nos proporcionan una información del mundo consciente e inconsciente que los niños por sí mismos no podrían describir con palabras, entregándonos una valiosa información de su mundo interior, gracias a que la creación artística es capaz de sobrepasar el control de la mente consciente.

Debemos considerar que generalmente a los niños les cuesta exteriorizar con palabras lo que sienten, ya sea por vergüenza, temor, porque se sienten culpables o amenazados, y aún peor en el niño preescolar que no ha desarrollado el lenguaje. Se sabe que el simple hecho de que un niño exteriorice de alguna manera sus inquietudes o temores, aunque sea de forma inconsciente, hace que se sienta mejor. De manera que independiente de la edad, dibujar o pintar los miedos, las fobias, las situaciones difíciles o incomprensibles -y mejor incluso si lo hace a través de un proceso guiado por un especialista-, le ayudará a sacar fuera estás problemáticas, sentirlas desde otra perspectiva, madurarlas, tomar conciencia de sus emociones, pudiendo así enfrentarlas con más libertad y claridad.

Del mismo modo, la hiperactividad o la agresividad se pueden canalizar a través de una actividad artística guiada, permitiendo que el niño reorganice su energía, exprese su vivencia interior, amplíe su percepción del mundo, al tiempo que se descubra a sí mismo en la realidad exterior, estimulando tanto el desarrollo de sus habilidades como de sus límites.

Cuando son algo más mayores, motivarlos a crear sencillas viñetas secuenciales a modo de comic, les permitirá relatar lúdicamente sus sentimientos y experiencias; la idea es comenzar con relatos muy simples que poco a poco, según el propio proceso del niño, se irán haciendo más complejos. Del mismo modo, el trabajo del autorretrato y del retrato por parejas es un medio -entre muchos otros- que le permitirá exteriorizar aquellas facetas personales que no se atreve a expresar o reconocer. Además descubrirá y tomará conciencia de algunos aspectos de sí mismo, hasta entonces inconscientes.

Por esta razón, el arte también realiza una enorme función terapéutica en los niños discapacitados y en los que padecen enfermedades crónicas. Se ha visto que la experiencia artística favorece la recuperación del estado anímico de estos niños, no sólo porque pueden expresar sus temores y sufrimiento, sino porque sienten que son capaces de apropiarse nuevamente de su energía, encausándola hacia algo concreto, fortaleciendo de este modo la percepción de sí mismos y de su experiencia vital. Son muchos los niños que estimulados por un proceso artístico han logrado superar las deficiencias y limitaciones que les produce la enfermedad; para ello es importante ayudarles a descubrir y elegir libremente su propio medio de expresión, de acuerdo a sus aptitudes y preferencias.
La creatividad es una forma de expresión innata en todo ser humano y no hay nada que haga más dichoso a un niño que poder expresarla libremente. Con la ayuda de la experiencia artística les estaremos otorgando la capacidad de crearse a sí mismos, conjugando sus aspectos psicológicos, físicos y espirituales, favoreciendo de este modo los cimientos de un futuro adulto, más sano y más feliz.

Patricia Abarca

http://procreartevida.wordpress.com